29/12/09

Pedro Salinas

Ayer te besé en los labios.

Te besé en los labios. Densos,

rojos. Fue un beso tan corto,

que duró más que un relámpago,

que un milagro, más. El tiempo

después de dártelo

no lo quise para nada ya,

para nada

lo había querido antes.

Se empezó, se acabó en él.


Hoy estoy besando un beso;

estoy solo con mis labios.

Los pongo

no en tu boca, no, ya no...

-¿Adónde se me ha escapado?-.

Los pongo

en el beso que te di

ayer, en las bocas juntas

del beso que se besaron.

Y dura este beso más

que el silencio, que la luz.

Porque ya no es una carne

ni una boca lo que beso,

que se escapa, que me huye.

No.

Te estoy besando más lejos.

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